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Por qué nunca hice hojas de contacto

La Fundación Canal muestra estos días la magnífica exposición "Magnum: hojas de contacto". En ese contexto, y volviendo al título de este post, quizá debería matizar que casi nunca hice hojas de contacto, porque unas [muy] pocas hice, las suficientes como para llegar pronto a la conclusión de que no eran para mí. Me voy a explicar, partiendo de la base de que revelo mis propias películas desde aproximadamente el año 1953 hasta ahora mismo. (1)

En los primeros tiempos, no necesitaba hojas de contacto por una razón muy sencilla: mi cámara era una Kodak Vest Pocket Autographic para formato 6,5x4,5 cm sobre rollos 127, y de los negativos escogidos hacía contactos directamente sobre papel baritado de 7x10 cm, mediante la clásica prensa de contacto de madera.

Mi Kodak Vest Pocket Autographic © Valentín Sama

Ya unos pocos años más adelante, cuando se me otorgó autorización para utilizar "la cámara buena de la familia", una Kodak Retina 1b, para formato original KB de Leica (lo que ahora ha venido en llamarse "Full Frame"), se planteó la conveniencia de hacer las susodichas hojas de contacto. Y sí, alguna hice...

Personalmente, la primera experiencia con la realización de unas hojas de contacto con negativos en 35 mm me hizo recordar los combates de lucha libre que había presenciado: en mi caso, la lucha era desigual y casi siempre ganaban las tiras de negativos díscolas que se enrollaban y desalineaban al posar el vidrio sobre las mismas contra el papel.

Una prensa Paterson en la actualidad. Es de esperar que el pegamento haya mejorado...

Vino en nuestro auxilio la prensa Paterson: esta prensa estaba compuesta por una base rígida dotada de gomaespuma y un vidrio de presión abisagrado. El gran invento radicaba en una máscara adherida al vidrio, contra la que se sujetaban las tiras de negativos por uno de sus bordes, a través de unas pestañas dispuestas en la citada máscara.

Ello evitaba el movimiento de las tiras de negativos al abatir el vidrio contra el papel sensible y fijarlo con una suerte de pinza incorporada en la base.
Peeero... no tardamos en descubrir que el pegamento que sujetaba la máscara contra el vidrio se descomponía con el paso del tiempo, depositando unos residuos pegajosos sobre los bordes de nuestros negativos tras cada uso... (2)

Pero, voy más allá: las hojas de contacto, y especialmente las de película de 35 mm me resultan personalmente totalmente inútiles e inconvenientes. Veamos algunas de las razones.

Esto es lo único que necesito para elegir qué fotogramas positivar © Valentín Sama

– En una hoja de contacto, no se puede apreciar si un fotograma está perfectamente nítido, o si –por el contrario– adolece de falta de nitidez, por ejemplo por microtrepidación.
– De la misma forma, tampoco podemos apreciar si está inutilizado por ligeros arañazos múltiples que harían el retoque manual una misión imposible.
– Si el rollo de 36 fotogramas incluye escenas de contraste muy diverso, quizá con algunos fotogramas sobre o subexpuestos, no resulta fácil conseguir que todos los fotogramas resulten legibles en una sola hoja de contacto. Una solución es hacerla en grado de papel suave, con lo que los valores de cada fotograma se desvirtúan.
La otra es organizar las tiras por afinidad y hacer...¡unos tapados o reservas en la propia hoja de contacto! Un dislate, vamos...
– La manipulación de los negativos para la realización de las dichosas hojas de contacto, implica... contacto innecesario con los mismos. Ello conlleva riesgo de arañazos, adhesión de polvo e incluso depósito de huellas dactilares o en su caso fibras de los guantes textiles.

Ahora, añadamos algún factor adicional:

– Muchos fotógrafos –creo que la mayoría– de los que trabajan con contactos tienen a gala conservar en álbumes archivadores de anillas, los negativos junto con  los contactos, lo que sin duda debe resultar muy práctico para trabajar. Y sin embargo, se trata de una práctica en mi opinión muy poco aconsejable.
– La razón no es otra que las hojas de contacto, por su propio carácter de "documento de trabajo", no suelen lavarse con el mismo cuidado que un buen negativo, y por proximidad a los mismos, pueden afectar negativamente a la conservación a largo plazo de los originales. Si hablamos de papel plastificado (RC/PE) el lavado rápido es más fácil, pero tengo mis dudas razonables acerca de la emisión de gases de estos papeles, así como de la pureza del lavado por sus bordes.


El clásico archivador en el que se conservan los negativos originales y las copias de contacto lado a lado...

Lo que sí se puede apreciar muy bien en una hoja de contacto –siempre que las tiras de negativos estén ordenadas– es la secuencia de los disparos, lo cual puede resultar –en algunos casos– interesante. Pero... ¿acaso no podemos ver esa misma secuencia a  través de la hoja archivadora de los negativos? (2)

Examinemos las dos siguientes imágenes, que forman parte de la exposición "Magnum: hojas de contacto", de la Fundación Canal:

Haz clic para ampliar

Ambas imágenes: Protestas en París, Francia 1968 © Bruno Barbey / Magnum Photos
Si observamos las calidades aparentemente presentes en el fotograma elegido –ver hoja de contacto, haciendo "clic" sobre la misma– ¿de verdad la copia final saca todo el partido a ese negativo? Desde mi punto de vista los negros están empastados y el contraste general lo estimo excesivo. ¿Quizá porque es "lo que se llevaba" en la época?

Desde siempre me ha extrañado que los  fotógrafos –al menos algunos– sean incapaces de "leer" sus negativos... en negativo, sin recurrir a una hoja de contacto positiva. Personalmente necesito explorar con la lupa sobre el original, con la precisión que no me ofrece una hojas de contacto, el detalle en sombras y luces, la nitidez, la ausencia de defectos, et., etc.
No me cuesta tanto identificar los mejores fotogramas de un rollo 135-36, y menos de uno 120 desde el punto de vista de la composición, y el posible reencuadre final lo realizo en el marginador, ya en la ampliadora. ¿Para qué complicarme la vida y perder un precioso tiempo y recursos haciendo los –para mí– inútiles contactos?

Más de una vez he pensado que no es que las hojas de contacto sean útiles necesariamente solo para los "malos fotógrafos" que no saben leer sus negativos –ahí está historia y la soberbia exposición "Magnum: Hojas de contacto"  de la Fundación Canal para demostrar lo contrario– pero quizá sí para aquellos autores que principalmente confíen el copiado de sus negativos a otras personas, a sus laborantes favoritos. Ahí, radicaría la utilidad de marcar con rotulador los fotogramas seleccionados y los reencuadres deseados a aplicar sobre los mismos. En mi caso, en estos 64 años de afición/profesión solo he confiado el copiado de unos pocos de mis negativos en B/N en tres ocasiones (3), y ello sin hojas de contacto ni reencuadres simplemente especificando el numero de fotograma.

¿La principal ventaja de las hojas de contacto desde mi punto de vista? Sencillo: poder cotillear –en algunos casos– el tipo de película utilizada por los autores (4) así como la secuencia de disparo –la "historia" de la sesión– y también tratar de escudriñar las razones que llevaron al autor a elegir un fotograma concreto. Ahí descubriremos una vez más, quizá, que "la fotografía miente", por ejemplo en la secuencia de disparos de "el niño con la bomba de mano" de Diane Arbus, en la hoja de contactos correspondiente tomada con su TLR Mamiya para 6x6 cm.

¿Hojas de contacto para mis fotografías? No gracias.



1) Si bien ya hace tiempo que no revelo diapositivas, copias RA-4 o Cibachrome, recientemente he revelado unos negativos en color (proceso C-41) y por supuesto con en frecuencia blanco y negro.
2) El uso de hojas archivadoras transparentes (polipropileno) para negativos permite acceder a hojas de contacto aceptables y evaluar los fotogramas con una lupa.
3) Con perfectos resultados.
4) Pronto os hablaré sobre esto










Comentarios

Unknown ha dicho que…
Gracias siempre por tus opiniones y la gran pasión que demuestras y nos contagias.
Saludos Valentín.

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Pero de la misma forma, considero que resulta interesante examinar las hojas de contacto de algunos autores –no de todos– por lo que allí podemos ver de secuencia de toma, tipo y estado de la cámara utilizada y también...¡de la película utilizada!


Por eso, durante mi primera visita a la exposición dediqué un buen rato a tratar de leer –lupa en mano– las inscripciones en los bordes de la película de las tiras de fotogramas de esos 95 contactos. En algunos casos eran ilegibles, bien por superposición de elementos, exceso de exposición en el contacto (afirmativo: exceso de exposición), máscaras, ausencia del dato en la película o –finalmente– po…

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